Reseña: Usar adecuadamente la información económica para decidir mejor

Edición: Vol.3 Núm.2 mayo-agosto 2012 

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 Heath, Jonathan. Lo que indican los indicadores: cómo utilizar la información estadística para entender la realidad económica de México. México, INEGI, 2012.

 

Las estadísticas económicas tienen el potencial de ser una herramienta de gran utilidad para el desarrollo de la economía y la sociedad. Las cifras, cuando están bien hechas, ofrecen la oportunidad a quien las usa de conocer mejor la realidad en la que vive y, a partir de ello, tomar mejores decisiones. La información estadística ayuda a los gobernantes a diseñar mejores políticas públicas; a los empresarios y a los hogares, a asignar mejor sus recursos; a los estudiantes y académicos, a conocer mejor la realidad y a generar propuestas para cambiarla; y a los ciudadanos, a evaluar el desempeño de sus gobernantes. El que ese potencial efectivamente se despliegue depende de que se cumplan dos condiciones: 1) que se disponga de un acervo suficiente de información estadística que presente de manera objetiva aspectos claves de la realidad y 2) que la información estadística disponible se use y se use bien.

 

Para que la información estadística tenga un verdadero impacto en la vida de las personas, es necesario maximizar el número de individuos que la conocen, que la usan y que, cuando lo hagan, tengan plena conciencia de sus alcances y limitaciones. En virtud de lo anterior, no es casual que el INEGI haya recibido de buen grado la iniciativa de Jonathan Heath para escribir un libro sobre …cómo utilizar la información estadística para entender la realidad económica de México. Luego de poco más de año y medio de trabajo como investigador visitante en el área de investigación del Instituto, valiéndose de su experiencia de más de 30 años como uno de los principales analistas de la coyuntura macroeconómica y de sus notables habilidades de comunicación y después de múltiples entrevistas con los generadores de la información estadística económica tanto del INEGI como de otras instituciones, el autor nos ofrece el primer manual de uso de la información estadística para evaluar el desempeño macroeconómico de México.

 

Vale la pena subrayar que es el primer libro en su tipo en nuestro país, por lo que atiende un nicho que estaba descubierto, lo cual contrasta de manera notable con la multiplicidad de publicaciones similares que existen en otras naciones más desarrolladas, en especial en Estados Unidos de América (EE.UU.). Es importante aclarar que el trabajo no se propone ser exhaustivo en el sentido de que no da cuenta de todos los indicadores disponibles; sin embargo, ello es más una virtud que un defecto, pues permite al lector enfocarse en los indicadores más importantes desde la perspectiva del análisis económico de coyuntura, para lo cual, el criterio derivado de la experiencia del autor resulta una guía de invaluable utilidad. Se debe subrayar que el libro está escrito desde el punto de vista del usuario y no del generador de la información, es decir, se trata de un documento de un usuario para usuarios de la información.

 

El libro guía al lector respecto a las principales fuentes de datos económicos de coyuntura en México, mostrando cuáles son los indicadores más importantes, del mismo modo que describe los aspectos más relevantes de cómo se generan, los pone asimismo en el contexto de otros similares que se usan en nuestro país o en el extranjero (principalmente en EE.UU.). Algo valioso en especial es la forma como se ilustra su uso en la práctica a través del análisis de la evolución económica de México durante los últimos años. En este sentido, el trabajo cumple el doble propósito de mostrar, por una parte, cuáles son y cómo se usan los principales indicadores y, por la otra, ofrece un interesante y ameno recorrido sobre la historia macroeconómica reciente del país.

 

Lo que indican los indicadores… se propone ser una referencia para el análisis de la coyuntura económica de México desde la información estadística que mejor describe sus antecedentes, historia reciente y relevancia macroeconómica. Asimismo, busca explicar el contexto de cada indicador para saber cómo se debe utilizar, la manera en que encaja en el ciclo económico, la forma de interpretarlo y cómo puede verificarse su consistencia en el marco del resto de los indicadores y de su propia serie de tiempo. Además, procura ofrecer una visión balanceada de sus alcances y limitaciones.

 

El libro bien puede constituir la base de un curso de Economía mexicana o el complemento de uno de Macroeconomía destinado a estudiantes de pregrado o posgrado de Economía, Negocios y áreas afines. Es frecuente que al terminar sus estudios universitarios en temas económico-administrativos, los estudiantes carezcan de un mínimo de familiaridad con indicadores que seguro, estarán usando en su vida profesional. De hecho, es curioso cómo muchos de ellos pueden discurrir sobre el papel de la inflación en los desequilibrios macroeconómicos y sobre la existencia o inexistencia en una relación a corto plazo entre inflación y desempleo mediante la Curva de Phillips, pero no saben cómo se calcula una tasa de inflación ni tampoco tienen clara la diferencia entre crecimiento de una vez por todas en el índice de precios e inflación, por lo que, de manera equivocada, suelen llamar inflación de manera indiscriminada a toda variación en los precios.

 

La publicación establece un puente entre los conocimientos académicos y la práctica del manejo correcto de las cifras económicas. Por ejemplo, es frecuente que quienes han llevado cursos de Economía estén familiarizados con el concepto de ciclos económicos, pero muy pocos de ellos han tenido la oportunidad de conocer las diferentes maneras de abordar el tema o están enterados de que la regla popular en los medios de que una recesión se identifica por dos trimestres consecutivos de variaciones negativas en el producto interno bruto (PIB) es muy gruesa e imprecisa y que en México se dispone de elementos más sofisticados y certeros para ubicar los puntos de giro que marcan el inicio y el fin de una recesión, tal como, con detalle, se explica en el libro de Jonathan Heath.

 

Periodistas, columnistas, conductores y comentaristas de los diferentes medios de comunicación masiva encontrarán en la publicación una referencia de gran valor para asegurar que sus interpretaciones de los números sean correctas. Así, por ejemplo, el documento ayuda a entender lo que significan las cifras desestacionalizadas y previene sobre los riesgos de cometer errores al comparar variaciones entre las desestacionalizadas y no desestacionalizadas. Asimismo, da elementos para estar prevenidos ante datos en apariencia contradictorios que resultan de usar referencias temporales o metodológicas distintas al momento de calcular variaciones en el tiempo de un cierto indicador. En este sentido, ocurre con frecuencia que un mismo boletín del INEGI da lugar a encabezados muy distintos en la prensa. Por señalar una fecha fácil de recordar, el 11 de noviembre de 2011 (11/11/11) el periódico Reforma reportó: “Disminuye la compra de maquinaria y equipo”, mientras que el diario Excélsior escribió: “Gasto en inversión de capital sube 10.6% durante agosto”. Ese mismo día, El Sol de México informó: “Se frena el crecimiento de inversión fija bruta” y Milenio: “Crece 10.6% la inversión en maquinaria y equipo”. Ante estas diferencias, un lector desprevenido pudiera concluir que la información era paradójica cuando, en realidad, lo que ocurría era que Milenio y Excélsior basaron su encabezado en la variación anual mientras que El Sol de México y Reforma lo hicieron en la variación mensual con cifras desestacionalizadas. Se trataba, a fin de cuentas, de diferentes ángulos de la misma realidad.

 

En especial en el capítulo 2, pero también a todo lo largo del libro, el autor muestra las distintas implicaciones que tiene el medir las fluctuaciones en los indicadores económicos mediante tasas anuales, tasas anualizadas, tasas acumuladas en el año y tasas promedio, así como tasas trimestrales y mensuales desestacionalizadas. En este sentido, nos muestra cómo podemos incurrir en comparaciones inapropiadas entre el crecimiento del PIB real desestacionalizado de Estados Unidos y el de México si no tomamos en cuenta que en aquel país las variaciones trimestrales de ese indicador suelen reportarse en términos anualizados (lo que se crecería en los siguientes cuatro trimestres de mantenerse la tasa a la que crece el trimestre actual), mientras que en el caso de México se reportan en términos de los cambios marginales, por lo que un crecimiento del PIB real desestacionalizado de 4% en Estados Unidos no implica que la economía estadounidense crece a un ritmo mayor que la mexicana si ésta avanza en el mismo trimestre a una tasa de 3 por ciento.

 

Lo que indican los indicadores… es, también, una referencia de utilidad para los expertos en análisis de la coyuntura, tanto del sector público como del privado, ya que incluso analistas profesionales sofisticados pueden ignorar algunos de los muchos detalles relevantes sobre las cifras económicas que se discuten en el libro. Ello es fácil de inferir pues se ha podido observar cómo algunos analistas económicos profesionales ignoran información clave contenida en la publicación, como las sutilezas del Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN), las cuales determinan que unas unidades económicas se incluyen en un sector, rama o clase y no en otra, incluyendo, por ejemplo, la diferencia entre comercio al por menor y menudeo y comercio al por mayor y al mayoreo. También, llega a pasar que expertos muy reconocidos desconocen detalles importantes de la construcción del PIB; como por ejemplo, qué de la actividad de una unidad comercial se incluye en dicho indicador y qué no.

 

El libro también presta atención a la aritmética de la consistencia de las expectativas de los expertos y es que se da el caso de consultores o instituciones financieras que publican estimaciones de crecimiento de la actividad económica o de la inflación que, viéndolas con cuidado, resultan disparatadas por ser inconsistentes con las tendencias. El texto de Jonathan Heath ofrece reglas de verificación que, de ser seguidas de forma puntual, permiten descartar de manera oportuna este tipo de errores. La utilidad del libro como referencia para expertos resultó para mí evidente al observar que, a pesar de sus muchas horas de vuelo en el tema, el autor reconoció haber aprendido cosas nuevas mientras avanzaba en la redacción de los capítulos, ya fuera por haberse planteado reflexiones que no había hecho antes, por haberlas descubierto mientras dialogaba con quienes hacen las cifras o por la interacción con los comentaristas de los borradores del producto final.

 

No obstante ser un material de utilidad incluso para expertos, el libro utiliza un lenguaje sencillo y accesible, minimiza el uso de formulaciones matemáticas y, más bien, apoya los textos con gráficas (cerca de 200). El documento comienza con una revisión de algunos aspectos conceptuales y estadísticos de los indicadores económicos, incluyendo temas como el uso de números índice, tasas de crecimiento, efectos calendario, ajustes estacionales, flujos y acervos; hace una revisión de cuáles instituciones son las fuentes de los indicadores abordados en la publicación y bajo qué calendarios los generan. Luego, nos lleva a un recorrido muy interesante sobre los ciclos económicos en México y aprovecha para mostrarnos cómo (si se hacen bien las cuentas) la recesión del 2008-2009 no fue, en realidad, la más severa que ha sufrido el país en los últimos 35 años, lo cual contradice la percepción más generalizada. En el análisis de los ciclos hace referencia a los diferentes enfoques o escuelas que existen para su medición y pone vis α vis el enfoque clásico y el del ciclo de crecimiento, ya que el INEGI produce indicadores de conformidad con ambos.

 

Enseguida, en el capítulo relativo al PIB, explica detalles de cómo se adaptan los lineamientos de la ONU para la generación de este indicador en México y de las implicaciones que esto tiene para la utilización y la comparación con otras economías. Con esto, el autor va mucho más allá de lo que usualmente se puede conocer sobre el PIB de México en los textos de Economía pensados para otros países. Destaca, por ejemplo, cómo es que la manera de medir el PIB en nuestro país refleja mejor el impacto económico de un choque exógeno como la aparición en el 2009 del virus de influenza A H1N1, y cómo éste se hubiera subestimado si en México se midiera el PIB como en EE.UU. Después, aborda los indicadores del mercado laboral, donde de manera elocuente ofrece argumentos que explican por qué en México tenemos una tasa de desocupación y no una de desempleo y por qué la tasa de desocupación abierta es una herramienta útil para el estudio de la coyuntura económica, explicando por qué y bajo qué circunstancias es menor que la de otros países más desarrollados, mostrando cómo es eso posible y manifestándose en favor de centrar la atención no en la tasa nacional sino en la urbana, ya que la desocupación es en esencia un fenómeno característico de las economías urbanas modernas. También, hace un repaso de indicadores como el índice global de la actividad económica (IGAE) y sus componentes, los de la actividad industrial, los de empleo y remuneraciones manufactureros, de comercio y de servicios.

 

De igual forma, se abordan los indicadores de ahorro e inversión, con especial énfasis en los de inversión fija bruta y de construcción, mostrando cómo la Encuesta de Empresas Constructoras, la Estadística de Producción Industrial y la de Inversión Fija Bruta cuentan historias algo distintas del mismo fenómeno. Luego, muestra los indicadores del sector externo, donde no sólo se presenta la balanza comercial y de servicios, sino que se abordan temas como reservas internacionales, inversión extranjera, deuda externa y tipo de cambio que, más allá de lo que se puede aprender de un libro de Economía traducido al español, nos da detalles específicos para el caso de México de cómo se construyen estas variables, explicando los detalles del régimen cambiario del país y de la determinación del tipo de cambio.

 

Uno de mis capítulos favoritos es el que habla de los indicadores de difusión que, mediante la aplicación de cuestionarios sobre apreciaciones subjetivas de los entrevistados, permiten conocer, de manera especialmente oportuna, aspectos relevantes de las tendencias de la actividad económica objetiva. Aquí, Jonathan Heath muestra una guía de cómo interpretar adecuadamente esos indicadores, en especial en relación con el manejo de los umbrales entre optimismo y pesimismo y ofrece sugerencias para explotar mejor la información existente a partir del uso directo o la combinación de variables captadas en las encuestas, pero que no forman parte integral de los indicadores que se publican de manera rutinaria. El autor se muestra en contra del uso de índices que estandaricen respecto a una base fija los valores de los indicadores de difusión argumentando que, con ello, se pierde información. Sin embargo, esto último es algo impreciso dado que es necesario tener presente que ese criterio es válido sólo si es posible identificar de manera clara el umbral entre optimismo (o crecimiento) y pesimismo (o decrecimiento), cosa que no siempre ocurre.

 

Jonathan Heath siempre tiene algo interesante que decir acerca de la inflación y el capítulo correspondiente está a la altura de los estándares a los que nos tiene acostumbrados en sus múltiples artículos y conferencias sobre el tema. De nuevo, la ventaja del texto es que nos permite conocer de manera clara y sencilla cómo es que ese indicador se construye en México, de dónde provienen y de qué forma se arman los índices de precios, cómo se hacen los cambios de año base y cuál es el origen, cómo se construye y se usa el indicador de inflación subyacente, poniendo todos estos elementos en el marco de la política monetaria y los objetivos de inflación en nuestro país, así como de su historia reciente. El libro cubre, también, temas como dinero y mercados financieros (donde aborda indicadores sobre dinero y agregados monetarios, crédito y tasas de interés), finanzas públicas (ingresos, gastos y balances fiscal: primario, operacional, petrolero y no petrolero) e indicadores de riesgo-país, y termina con las encuestas de expectativas de expertos y el consenso del mercado.

 

En todos los casos, la ventaja comparativa del documento radica en que muestra de dónde viene cada indicador, cómo se mide en México, qué es lo que ese indicador nos dice y qué no, y cuáles son las formas adecuadas de utilizarlo. Además, todos los indicadores están puestos en el contexto de su papel en la lectura del ciclo económico. De hecho, cada capítulo (a partir del número 4) comienza con una ficha del indicador en cuestión presentando aspectos como: quién lo produce, con qué frecuencia, cada cuándo se revisa y su relación con el ciclo económico; estableciendo si es procíclico o contracíclico y si es rezagado, coincidente o adelantado.

 

Insisto en que la misión de una oficina de Estadística no termina con la generación de información de calidad y oportuna, ya que ésta adquiere valor sólo cuando se usa. Las instituciones a cargo de producir estadísticas económicas en México han logrado avances muy notables en la materia durante los últimos años, poniendo al país en una situación realmente privilegiada. Sin embargo, aunque muchas personas ya son usuarias consuetudinarias de las cifras del INEGI, del Banco de México, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, entre otras fuentes de estadísticas económicas, todavía estamos muy lejos de vivir en una sociedad que, en general, tome decisiones con base en evidencias y que encuentre en la información estadística muchas de las evidencias que necesita para decidir mejor.

 

Hacer que la información se use demanda de una gran dosis de creatividad que permita encontrar nuevas vías de comunicación con los usuarios potenciales. Por otra parte, quienes hacen las estadísticas no siempre son los agentes idóneos para promover su uso. En este sentido, es afortunado que sea un usuario de gran experiencia y con notables dotes de comunicación quien se dé a la tarea de tender el puente que hace falta para que más personas conozcan, le pierdan el miedo y usen de manera adecuada la información estadística de que disponemos. Sin duda, el libro escrito por el doctor Jonathan Heath durante su estancia de investigación en el INEGI es la mejor guía hasta el momento para entender y utilizar de forma adecuada los indicadores económicos de coyuntura de México. Esta obra, a la vez rigurosa y amena, puede ser una referencia de gran utilidad para profesionales de la Economía y las finanzas o un texto ineludible para quienes aspiran a serlo. Su versión impresa es muy limitada (3 320 ejemplares) y al momento de escribir estas líneas estaba casi agotada, pero el INEGI ha generado una versión electrónica que está disponible de manera gratuita en: http://www.inegi.org.mx/sistemas/productos/

 

Gerardo Leyva

Autor

Nació en México en 1967. Es licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) y tiene una maestría en la misma disciplina por el Instituto Tecnólogico Autónomo de México (ITAM) y otra en Ciencia Regional por la Cornell University, donde también obtuvo el Doctorado con Especialización en Crecimiento y Desarrollo Económicos; además, cuenta con el Diplomado en Psicología Positiva por la Universidad Iberoamericana. En el ámbito laboral, ha impartido cursos de Teoría Económica en varias universidades y tiene 22 años de experiencia profesional en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); ha sido analista, asesor de tres presidentes de esta institución, director de Censos Económicos, director general adjunto de Estadísticas Económicas y, a partir del 2009, director general adjunto de Investigación, desde donde ha impulsado la incorporación de diversas innovaciones temáticas y metodológicas relacionadas con la medición del bienestar subjetivo, la distribución del ingreso, la productividad, el equilibrio general computable, los indicadores de difusión y la generación de información a partir de big data, entre otras. Fue integrante del Grupo de Expertos en Medición de la Pobreza de la ONU (conocido como Grupo de Río) y del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza en México. Es miembro de los comités de Estudios Económicos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), del indicador IMEF del Entorno Económico Empresarial y del de Coyuntura de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), así como del Consejo Asesor Técnico del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP). Participa en los consejos editoriales de las revistas Políticas Públicas de la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública (EGAP) del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Coyuntura Demográfica de la Sociedad Mexicana de Demografía (SOMEDE) e Investigación Económica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es editor técnico de Realidad, Datos y Espacio Revista Internacional de Estadística y Geografía del INEGI.